15 de diciembre de 2008

El Pico del Lobo: la Odisea.



Domingo 16 de Noviembre, tras una semana de agujetas nos proponemos nuestras segundas cumbres (porque como machos que somos, en vez de hacer una cumbre las hacemos a pares).

El que esto escribe, como persona incauta, viene de haberse comido 14 kilómetros el día de antes por la zona de Navacerrada, para "ir calentando". El objetivo de hoy, o la ruta, es empezar en Somosierra, hacer cumbre en el Pico de Las Tres Provincias o Pico de la Cebollera, bajar de éste por la cara noreste y cuerdear para llegar al Pico del Lobo, tras lo cual bajaremos hasta la estación de esquí (o sky para los anglicanistas) de La Pinilla, situado en Segovia. Por lo tanto, vamos a estar danzando entre Madrid, Segovia y Guadalajara.


Todo comienza con la ubicación previa de nuestro despliegue de medios: un coche en La Pinilla y otro en Somosierra. Tras esto, marcando los dígitos del reloj (porque agujas no tiene) las 9 de la mañana, comenzamos a ascender La Cebollera, desviando brevemente nuestra ruta para vistar un pequeño salto de agua (donde cabrera aprovechó para encontrar un punto de Geocaching). Sí, es ese que anda por allí, en mitad de la ladera de enfrente de donde estábamos los cuerdos no ávidos de gastar energía.

Durante este trayecto inicial, los componentes de nuestro grupo más puestos en botánica (Óscar y Miguel, y en ocasiones Juan) tuvieron una rica conversación acerca de las diferentes especies de plantas que iban apareciendo por nuestro camino. También nos pudimos encontrar con algún que otro rumiante.

Pero poco a poco, el entorno se empezó a volver más inhóspito, el pino silvestre (corregirme si me equivoco) dio paso a arbustos rastreros, apenas visibles entre el espeso manto de nieve. Aunque hubo algún repechito matador, pudimos llegar sanos y salvos a la cumbre de La Cebollera, donde aprovechamos una breve parada (porque el viento te helaba la sudor y eso es malo, muy malo) para avituallarnos y hacer alguna foto. Por cierto, Óscar no hizo ninguna foto porque llevaba encima una cámara de 1000€ (o menos) y 800g. de peso pero... EL MUY IDIOTA NO LLEVABA BATERÍA; ja ja ja, luego me dice a mí, ¡¡¡que imbécil!!

Yo aproveche para hacer una par de paronámicas:

De izquierda a derecha: Óscar, Cabrera y Miguel, de fondo Segovia.

En esta se observa, en la lejanía, nuestro objetivo: el Pico del Lobo.

Tras un descenso vertiginoso, con una pendiente de más del 50%, comenzó... la ODISEA. Al principio unos pequeños repechitos por un camino embarrado, luego un gran repechito por una ladera llena de rocas y nieve, con plantas ocultas bajo la nieve que te hacían meter hasta las rodillas en la nieve. Después, cuerdear una ladera llena de rocas y nieve, con la muerte a ambos lados. Tras esto una subidita por la nieve, un giro brusco en una cuerda de nieve, más subiditas... y yo ahí, en último lugar, sufriendo principios de hipoxia, pasito a pasito. Hasta los coj.... acabé, eso de mirar a ambos lados, ver dos laderas de hielo-nieve que bajan a sabe Dios donde, con un viento mortal, que te helaba los huesos y sin otra opción que seguir para adelante, seguir subiendo y subiendo más y más; eso minó mi moral, pero no había otra opción, tuve que seguir a duras penas. También estaba cansado de chupar hielo, porque me quedé sin agua, pero no quedaba otra, cada vez quedaba menos.

Por fin, tras muchos giros, repechos, rellanos y ánimos de Miguel (me ayudaron mucho la verdad, aunque me dijera que era la última subida y fuera mentira), llegué a la falda que daba a los últimos metros de ascensión, y allí arriba me esperaban los demás. Yo pasé de subir, estaba empezando a anochecer y mi única preocupación era abandonar la parte nevada antes de que se fuera la luz. La bajada otra odisea, al principio camino helado con una megarampa de suicidio a la izquierda, yo ya miraba sólo hacia delante, como los burros. Ya menguaba la luz y nos adentramos en el pinar, donde la ausencia de nieve y de hielo hacía más llevadera la bajada. Mis compañeros iban to' follaos, como si les hubiera metido un chile habanero por el culo, y yo mientras tanto luchaba para que mis piernas me hicieran caso y siguieran hacia adelante, evitando y superando calambrazos y molestias.

Ya era de noche, seguíamos por el bosque, aguzando la vista, y poco a poco surgieron signos de civilización: una casa, una farola, una carretera y por fin... ¡¡¡NUESTRO COCHE!!!

Tras todo, y con temperatura bajo cero, nos cambiamos de ropa y calzado, tomamos algo de comida y bebida, y por fin nos retiramos, cada uno a su casa, a por una duchita y el calor del hogar.

Mi parte de guerra: una ampolla (sanada al instante) y nada de agujetas.

PD: me planteé, allí arriba, dejar de hablarles, la ruta fue mortal.

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